miércoles, 5 de noviembre de 2008

El ratoncito Perez

Pepito Pérez era un pequeño ratoncito de ciudad. Vivía con su familia en un agujerito de la pared de un edificio. El agujero no era muy grande pero era muy cómodo, y allí no les faltaba la comida. Vivían junto a una panadería, por las noches él y su padre iban a coger harina y todo lo que encontraban para comer. Un día Pepito escuchó un gran alboroto en el piso de arriba. Y como ratón curioso que era trepó por las cañerías hasta legar a la primera planta. Allí vio un montón de aparatos, sillones, flores,cuadros,…parecía que alguien se iba a instalar allí.

Al día siguiente Pepito volvió a subir a ver qué era todo aquello, y descubrió algo que le gustó muchísimo. En el piso de arriba habían puesto una clínica dental. A partir de entonces todos los días subía a mirar todo lo que hacía el doctor José Mª Miraba y aprendía, volvía a mirar y apuntaba todo lo que podía en una pequeña libreta de cartón. Después practicaba con su con su familia lo que sabía. A su madre le limpió muy bien los dientes, a su hermanita le curó un dolor de muelas con un poquito de medicina … Y así fue como el ratoncito Pérez se fue haciendo famoso. Venían ratones de todas partes para que los curara. Ratones de campo con una bolsita llena de comida para él, ratones de ciudad con sombrero y bastón, ratones pequeños, grandes, gordos, flacos,… todos querían que el ratoncito Pérez les arreglara la boca.

Pero entonces empezaron a venir ratones ancianos con un problema grande, No tenían dientes y querían comer turrón, nueces, almendras, y todo lo que no podían comer desde que eran jóvenes. El ratoncito Pérez pensó y pensó cómo podía ayudar a estos ratones que confiaba en él. Y, como casi siempre que tenía una duda, subió a la clínica dental a mirar. Allí vio como el doctor Jose Mª le ponía unos dientes estupendos a un anciano. Esos dientes no eran de personas, los hacían en una gran fábrica para los dentistas. Pero esos dientes, eran enormes y no le servían a él para nada.

Entonces, cuando ya se iba a ir a su casa sin encontrar la solución apareció en la clínica un niño con su mamá. El niño quería que el quitara un diente de leche, que estaba un poco suelto y le molestaba, y así le saliera rápido el diente fuerte y grande. El doctor se lo quitó y se lo dio de recuerdo. El ratoncito Pérez encontró la solución, “iré a la casa de ese niño y le compraré el diente”, pensó. Lo siguió por toda la ciudad y cuando por fin llegó a la casa, se encontró con un enorme gato y no pudo entrar. El ratoncito Pérez esperó a que todos se durmieran y entonces entró a la habitación del niño que estaba mirando y mirando su diente, y pudo ver como lo puso debajo de su almohada. Así cuando el niño se durmió Ratoncito Pérez como pudo se metió debajo de su almohada y lo cogió y a cambio le dejó un bonito regalo.

A la mañana siguiente el niño vio el regalo y se puso contentísimo y se lo contó a todos sus amigos ese día, todos los niños desde entonces dejan sus dientes de leche debajo de la almohada y el ratoncito Pérez a cambio le da un bonito regalo.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

Este cuento me lo paso mi buena amiga Mery, yo no lo conocía, conocía otros pero este no, aquí os lo dejo a ver si os gusta.

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Agradezco vuestros comentarios, más de lo que pensais, para no perder la ilusión por seguir contandoos cosas que os puedan ser utiles con estos pequeños seres que nos tienen robado el corazón.

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